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Varios - Columnistas
viernes, 09 de enero de 2015
EL HUMOR COMO ARMA DE DOBLE FILO Y EL JUEGO A LA EXCUSA 'ANTITERRORISTA':
POR SANTIAGO FRAGA

El humor como arma de doble filo y el juego a la excusa 'antiterrorista'

21:10 La comunidad francesa y la sociedad internacional condenan la matanza de los periodistas y es precisamente lo que hay que hacer, y fervorosamente, pero con cuidado de no dejarse manipular, ni por los políticos ni por los medios de comunicación. La libertad de expresión y la memoria de los fallecidos sólo serán respetadas cuando se logren entender las cosas tal cuales son, y no tal cual las quieren vender

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Por Santiago Agustín Fraga - sfraga@rosario.com - @santifr_ar

El miércoles 7 de enero todos los medios de comunicación de alrededor del globo y las redes sociales amanecieron con la trágica noticia de que extremistas islámicos ingresaron en la redacción del semanario francés Charlie Hebdo y asesinaron a sangre fría a doce personas, como venganza del orgullo musulmán herido por la profanación del profeta fundador de su religión.

Automáticamente el dolor se despertó en cada uno; la indignación, la rabia, las ganas de gritar por la libertad de expresión, de solidarizarse y decir 'Je suis Charlie', y las ansias de justicia ante lo injusto de que se arrebate una vida, sea cual sea ella y sea cual sea la razón.

En la radio del ISIS hablaron de “héroes”, en los medios occidentales de “terroristas”. En lugar de adjetivar a los autores de la masacre -crueles asesinos, pero en definitiva marionetas de algo mucho más grande-, encuentro primordial desviar levemente la discusión al asunto de la libertad de expresión en detrimento de la libertad de culto y creencias religiosas, dejando bien en claro, nuevamente, que no existe razón en el mundo para terminar con la vida de otra persona, y mucho menos si de resentimiento se trata. 

Un artículo publicado por la facultad de derecho de Madrid en 1996, dice: “En una sociedad democrática basada en la dignidad, pero también en la libertad, lo que se ha de erradicar son sencillamente las expresiones del lenguaje del odio en todas sus variantes. Una cosa es cuestionar, criticar dogmas o doctrinas religiosos (que son el soporte material de los sentimientos religiosos) y otra muy distinta es intentar vejarlos y mancillarlos gratuitamente”. 

Charlie Hebdo nunca distinguió entre religión, persona, país, ni partido político a la hora de satirizar con sus caricaturas. Incluso su última portada antes del atentado satirizaba a la virgen María y al niño Jesús. Hoy en los medios internacionales se habla de atentado terrorista y de que la yihad tiene como objetivo atacar a Europa. Así, sobretodo Francia, despierta un rencor y un total enojo en contra de los musulmanes, que también se transforma en temor, y que se produce por la simbolización producida de que el musulmán es terrorista. Una llamada 'islamofobia', que conviene a ciertos sectores del poder mundial para quedar bien ubicados en una balanza internacional.

Uno puede comenzar a nombrar todas las falencias que tiene la práctica del Islam como religión en cuanto a los derechos humanos, los derechos de la mujer y los derechos del niño, y puede mencionar todos los actos atroces que se han cometido en su nombre por sus fieles a lo largo de la historia y aún hoy en día. También podemos encontrar en la historia actos de sangre y muerte en nombre del judaísmo y del cristianismo. No hay religión mejor o peor que otra, y el fanatismo religioso, como cualquier tipo de fanatismo extremista, es un paño que enceguece y atiza una inusitada locura capaz de llevar a lo más lamentable por defender la creencia de uno. Así, hay que decir también que, a pesar de la creencia popular, ni los musulmanes ni el propio Islam, en su esencia, apoyan el homicidio. Un dicho islamita reza que “a menos que el hombre aprenda a vivir en paz consigo mismo y con su prójimo, no puede vivir en paz con su Dios”.

De eso se desprende que los dos hermanos causantes del asesinato de los caricaturistas en realidad no responden a Mahoma, ni a Alá, ni al Islam -aunque seguramente ellos mismos creían que lo hacían-, sino que tienen que ver con otra faceta, que es la de la locura extrema, el odio y el resentimiento, que también puede encontrarse en los grupos yihadistas que aterrorizan al mundo árabe. Sí, esos mismos que fueron entrenados militarmente por los Estados Unidos para controlar el medio oriente. 

El régimen nazi de Adolf Hitler asesinó millones de judíos en nombre del catolicismo y la raza aria; Israel hoy en día asesina a miles de musulmanes a cada hora en nombre de los judíos y en defensa de sus 'tierras sagradas'; los musulmanes asesinan cristianos y judíos tanto en los países árabes como en el mundo occidental; y los cristianos hoy asesinan musulmanes en el nombre del 'antiterrorismo' y la defensa de sus Estados. Un círculo vicioso que explota lo peor de cada religión, que va en contra de las premisas que ellos mismos defienden, y que en el medio terminan pagando centenares de miles de vidas inocentes.

Esa locura enfermiza de los grupos extremistas de cada religión es la misma capaz de poder llevar a un joven como Chérif Kouachi, el menor de los hermanos asesinos, de ser un rapero con una vida normal luego de sufrir una infancia de huérfano y marginado social en Francia a ser entrenado militarmente para defender a Alá y provocar asesinatos en el nombre de Mahoma. Resulta, cuanto menos, repulsivo, porque tampoco es que así como así se le cantó por hacerse yihadista. En la vida y en su camino en el Islam se cruzó con Farid Benyettou, falso autoproclamado emir (título de nobleza en los antiguos estados islámicos), quien realmente reclutaba jóvenes musulmanes franceses para ir a combatir a Irak junto a Al Qaeda, haciéndoles creer que en los textos sagrados del Islam se abalaban los atentados suicidas en nombre de Mahoma y Alá ante cualquier hereje o infiel, y hablándoles de lo sensacional que es morir como un mártir en defensa de tu religión. “Moriremos como mártires”, fue justamente la frase que lanzó Chérif a los policías en las horas previas a que finalmente las fuerzas le dieran muerte a él y a su hermano.

Así Benyettou les lavó la cabeza y junto a su hermano Saïd se fueron a Yemen, donde los entrenaron militarmente en el uso de Kalashnikov (las ametralladoras que llevan el nombre de su creador y que se conocen también como AK-47, con las que mataron en Charlie Hebdo) y tácticas de guerra. El Isis, el Estado Islámico, y los grupos extremistas yihadistas que se apoderaron de Siria e Irak, fueron abastecidos y entrenados especialmente por los Estados Unidos, ya que a ellos les era conveniente que otro se ensuciara las manos mientras los gobiernos que no eran de su agrado fueran derrocados (similar a lo ocurrido con las dictaduras en Sudamérica para asegurarse de frenar el avance del comunismo), sin importar que esos derrocamientos desencadenaran en guerras civiles espantosas y hasta incluso arruinaran a dichos países (Libia es un gran ejemplo; Siria e Irak también).

Como mártires en defensa de sus ideales, sin embargo, murieron cada una de las víctimas de Charlie Hebdo. Desde Stéphane Charbonnier, el director del semanario izquierdista, hasta Ahmed Merabet, policía musulmán, ejecutado por sus correligionarios. El humor ácido y satírico de la revista siempre fue de la mano con la crítica a ese islamismo extremista absurdo, que no representaba a Merabet, ni a la gran mayoría de los tres millones y medio de musulmanes que residen en Francia. Las burlas y las provocaciones fueron siempre dirigidas en contra de todos los representantes del EI y demás grupos extremistas que actúan en nombre del Islam, desde el líder Abu Bakr Al-Baghdadi, hasta todo aquel que tiene la errónea idea en su cabeza de que asesinando se defiende el honor de Mahoma. Incluso prueba de esto es una de las caricaturas, la portada de la edición 1163, que muestra como uno de los miembros del EI, hoy en día, se confundiría a Mahoma, lo llamaría 'infiel' y lo degollaría. Sin embargo, la caricaturización del profeta, por más que sea para criticar a aquellos que dejan mal parada a la religión musulmana, es una ofensa muy grande también para cualquier musulmán de buena fe, ya que los textos sagrados indican explícitamente que, por pedido propio, Mahoma no debe ser retratado, y eso es algo que hasta el más liberal de los musulmanes respeta. Aún así, por ejemplo, Merabet murió defendiendo a aquellos que ofendían a su santo profeta. 

Entonces entra la discusión allí de qué tan ofensivos pueden ser unos dibujos, quitando de lado el importante hecho de que Charlie Hebdo no sólo lo dibujaba, sino que lo ridiculizaba. Lo cierto es que si se ofende a alguien que no se lo merece, hay que saber cómo tratar con ello también. “Ningún dibujo nunca ha matado a nadie”, dijo 'Charb' en alguna entrevista; y no tendrían porqué hacerlo. Sin embargo hay gente de neuronas cortas en el mundo, y para ellos un dibujo vale doce vidas.

No obstante, el atentado afecta a la sensibilidad de cualquier ser con un poco de humanidad. Es en ese preciso momento donde surgen las ratas que aprovechan para focalizar el problema en una etnia, raza o grupo de personas específico. En la vida ante cualquier tragedia siempre se busca, primero, un culpable. La simbolización del musulmán como un terrorista violento y sanguinario les viene perfecto al bolsillo de aquellos que buscan justificaciones para llevar a cabo una guerra antiterrorista, y dejar bien parado al occidente, que luego así puede oficiar de juez en los conflictos internacionales y de medio oriente. De igual manera, Estados Unidos aprovechó el ataque a las torres gemelas como excusa para invadir Afganistán y justificar su guerra con el mundo árabe. De igual manera, Inglaterra encontró sus justificaciones a sus intervenciones en los atentados del 7 de julio de 2005. De igual manera, el ataque en París resulta la excusa perfecta para justificar el accionar de Francia bombardeando y ocupando distintos países árabes, como es el caso de Siria. Eso por el lado del presidente Hollande. Por el otro lado, también le sirve para justificar las declaraciones constantes, racistas y de derecha, a Marine Le Pen, que busca que en el futuro no haya más inmigrantes en el país europeo, al cual ella describió en varias oportunidades como “la patria sometida al imperio del comunitarismo islámico”.

El ejemplo más claro de esto es que la propia Marine Le Pen, a quien el semanario criticó en reiteradas oportunidades por sus pensamientos y declaraciones, llamándolos literalmente 'de mierda', y por el cual ella llevó a juicio a la revista, hoy sale a declarar afirmando que está del lado de los caricaturistas, y que defiende sus posturas y su libertad de expresión. Esa es una muestra de la manipulación de la tragedia en pos de beneficios políticos o personales, y es que desde Charlie Hebdo, y principalmente Charbonnier, criticaron duramente siempre a la 'islamofobia', y la visualización que se tiene de los musulmanes como terroristas. 

Cómo entonces, se puede identificar con ellos una persona que quiere llegar a la presidencia de la Nación para prohibir el kipá y el niqab (prendas religiosas), y que supo declarar que “Francia se está suicidando, víctima de la sumisión de las élites de izquierda y derecha al comunitarismo musulmán”.

Jeanette Bougrab, la pareja de 'Charb', afirmó que el director del semanario estaba, justamente, próximo a sacar un libro en contra de la islamofobia. Ironía del destino será que precisamente eso es lo que algunos están caldeando producto de su muerte.

En 1961, la misma París fue testigo de otra masacre, pero una que se produjo en contra de los musulmanes. El 17 de octubre, argelinos se manifestaron pacíficamente, convocados por el Frente de Liberación Argelina, en contra de un toque de queda dirigido únicamente a todos los argelinos que vivían en la región. El jefe de la policía, Maurice Papon, el mismo que había decretado el toque de queda, mandó a reprimir la manifestación con total severidad, provocando la muerte de alrededor de 200 personas. Entre esas víctimas también murieron franceses, ya que los policías solamente se dejaban llevar por el aspecto de la persona, y cualquiera que parecía argelina era detenida, reprimida y asesinada.

Entonces resulta sumamente importante hacer la debida diferenciación entre los musulmanes de buena fe y aquellos que tergiversan los textos sagrados en sus interpretaciones para asesinar personas, que obviamente también tienen fines meramente de poder. Es lamentable, también, que todavía sea necesario aclarar esto, en vista de la gente que se deja llevar por las primeras opiniones que se embanderan del lado de las víctimas para apuntar con el dedo como culpables a aquellos que quieren eliminar, por simples pensamientos derechistas discriminatorios o por la simple necesidad incipiente de controlar el mundo.

No existe una guerra entre el terrorismo y occidente. De hecho, la principal víctima de los terroristas islámicos son los propios musulmanes, y su lugar de más ataques no es en Europa o Estados Unidos, sino en el propio medio oriente. Incluso, los países como Francia, o Israel, se suman al país norteamericano en sus ocupaciones y bombardeos que acaban con la vida de niños y mujeres en todo el mundo árabe. Por ellos también debemos gritar justicia. Je suis Charlie, et je suis les musulmans de moyen-orient.

Ayer, un día después de la tragedia de Charlie Hebdo, el mundo no se enteró de que murieron 37 personas y 66 resultaron heridas en un atentado contra una academia de policía en Yemen. El mundo no se enteró que ayer murieron 27 personas en un atentado suicida en Irak. El mundo no se enteró de que sólo en el mes de diciembre murieron 4.358 personas en Siria (138 más que en noviembre). El mundo no se enteró que recién ahora la terrorista OTAN abandonó Afganistán y dejó un país pobre, sin gobierno, y en cuyas calles todavía hay miles de minas terrestres y bombas que todavía no han explotado. El mundo no se enteró de que todas las vidas perdidas valen lo mismo.

La comunidad francesa y la sociedad internacional condenan la matanza de los periodistas y es precisamente lo que hay que hacer, y fervorosamente, pero con cuidado de no dejarse manipular, ni por los políticos ni por los medios de comunicación. La libertad de expresión y la memoria de los fallecidos sólo serán respetadas cuando se logren entender las cosas tal cuales son, y no tal cual las quieren vender. 

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